El retroceso de una década: El fracaso de la Sub-20 despoja a la Sedofútbol de su "espejismo" mundialista

 


Por: Franklin Grullón para Balompié Dominicano

Las Clasificatorias Sub-20 de Concacaf han finalizado y el veredicto es devastador para el fútbol dominicano. Mientras las potencias y los otros cinco cabezas de serie (Canadá, Costa Rica, El Salvador, Jamaica y Haití) sellaron su boleto al Torneo de Concacaf del próximo mes de julio, la República Dominicana se erigió como la nota discordante y el único fracaso entre los favoritos.

Un golpe al ranking y al futuro

Este no es solo un partido perdido; es un revés que atrasa el proceso competitivo por lo menos dos años. Al quedar fuera, la Sedofútbol no volverá a competir oficialmente en la categoría hasta el 2028. Peor aún, la derrota ante Antigua y Barbuda (puesto 16 del ranking) provocará un desplome en los puntos de RD (puesto 10), condenándonos a perder la condición de cabeza de serie. En el 2028, no tendremos un camino "accesible"; tendremos que bailar con los gigantes desde el día uno.

Si hoy no pudimos superar a un rival caribeño de menor jerarquía, ¿con qué argumentos pretendemos enfrentar al Top 10 de la zona en el próximo ciclo?

La quimera del Mundial 2030

Para una Federación que pregona a los cuatro vientos el sueño de llegar al Mundial 2030, la realidad de hoy le propina una bofetada de realidad. La Sub-20 es el espejo de la absoluta de mañana. Si hoy no somos capaces de estar entre los 12 mejores de la región en la categoría juvenil —en un torneo donde los 6 mejores ni siquiera competían— hablar del 2030 no es más que una quimera.

Es inaceptable e injustificable. Éramos la cuarta mejor selección clasificada en este torneo y hemos quedado fuera por falta de fútbol, de ideas y de ambición.

Una estrategia de marginación y microciclos estériles

Alguien debe rendir cuentas de la estrategia implementada. Desde el 2024, esta selección fue marginada:

  • Cero partidos amistosos contra otras selecciones previo al torneo.

  • Falta de cohesión: El grueso del plantel nunca se juntó para competir de verdad.

  • Microciclos de papel: Se convocan decenas de jugadores para entrenamientos que carecen de efectividad, pues al final, la base que compite es mínima respecto a los convocados.

¿Cómo se pretende elevar el nivel si no se somete a los jugadores al roce internacional real?

Consecuencias necesarias

Este fracaso rompe el ciclo competitivo de una generación de jugadores emergentes que ya no podrá medirse contra la élite de Concacaf (EE.UU., México, Honduras, Panamá). Hemos vuelto a la casilla de salida, a la situación de hace 10 años. No se perdía contra una selección de las Antillas Menores en esta categoría desde el 2014, y ese retroceso histórico debe tener consecuencias.

Hay que ser honestos con la fanaticada: por este resultado, hay que olvidarse del Mundial 2030. Se ha roto el puente de desarrollo. Ahora, habrá que esperar al 2028 para trabajar con los jugadores que serían el relevo para el 2034. 

Es imperativo reconocer que hoy, a diferencia de otros tiempos, contamos con una Comisión de Selecciones que brinda un apoyo económico y logístico sin precedentes. La excusa de la falta de recursos ha quedado en el pasado; por tanto, la responsabilidad recae directamente sobre la dirigencia deportiva, que tiene la obligación de traducir ese respaldo en resultados tangibles. Repetir fracasos de hace una década, contando con las herramientas actuales, es una señal de que el problema no es el apoyo, sino la ejecución de quienes dirigen el destino del balón en la cancha.

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