Pasada la tormenta y con cabeza fría: Lo que verdaderamente ocurrió el 1 de octubre en el RD vs. Haití

Tribuna Crítica | Opinión Editorial

Pasada la tormenta y con cabeza fría: Lo que verdaderamente ocurrió el 1 de octubre en el RD vs. Haití

Lejos del ruido y las pasiones del momento: un análisis sereno sobre provocaciones, seguridad y el rigor que impone la Liga A

Por: Franklin Grullón | Balompié Dominicano
Escenario: Estadio Olímpico Félix Sánchez | Competición: Liga A (Concacaf)

Cuando el calor de los acontecimientos desborda las redes y los micrófonos, el informador responsable demanda una pausa obligada. En las horas inmediatamente posteriores al pitazo final del pasado 1 de octubre, abundaron las reacciones viscerales, los juicios apresurados y las posturas extremas. Hoy, una vez disipado el humo, culminada la ventana de la Liga de Naciones con nuestra histórica permanencia en la Liga A y con la cabeza completamente fría, nos sentamos a reflexionar sobre lo ocurrido aquella noche en el Estadio Olímpico Félix Sánchez entre República Dominicana y Haití.

En el plano puramente deportivo no hay lugar a engaños: la escuadra haitiana demostró en el terreno su jerarquía y rodaje internacional para imponerse con un merecido 1-4. Sin embargo, el debate público quedó secuestrado por dos focos que merecen un juicio desapasionado: el colapso operativo en los accesos al recinto y las inoportunas expresiones del delantero Wilson Isidor tras la conclusión del encuentro.

Dejen el fútbol en la cancha: Madurez ante la derrota y mesura en la victoria

Tanto a la clase política dominicana como a la clase política haitiana hay que pedirles con vehemencia que dejen de instrumentalizar un partido de fútbol fuera de su contexto estrictamente deportivo. En ambos lados de la frontera se han visto reacciones oportunistas: por un lado, posturas impulsivas y poco meditadas que buscaron proyectar al país ante la opinión pública internacional como malos perdedores frente a una derrota clara; por el otro, intentos de capitalizar un resultado futbolístico como una victoria de reivindicación política o territorial. Quienes seguimos y sentimos el fútbol sabemos que el resultado dolía, pero también que Haití llegó con mayor rodaje y jerarquía. Con frialdad, el escenario realista para Dominicana era arañar un empate o caer por margen estrecho; convertir el marcador en trinchera partidaria o bandera ideológica solo distorsiona la realidad deportiva.

El caso de Wilson Isidor: Donde corresponde juzgarlo

La euforia desmedida de Wilson Isidor lo llevó a proclamar ante micrófonos y gradas la frase "L'Hispaniola c'est Haiti!". Una desafortunada expresión que reabrió sensibilidades complejas entre dos naciones vecinas y soberanas. Ante ello, la diplomacia haitiana y su federación emitieron comunicados desmarcándose de esas declaraciones, enfatizando el respeto irrestricto a los tratados fronterizos y a la institucionalidad dominicana.

Ese episodio ocurrió estrictamente dentro del terreno de juego y ya se encuentra radicado donde tiene que estar: en las comisiones disciplinarias de Concacaf y FIFA. Corresponde ahora a esos tribunales imparciales determinar si existió una infracción a los códigos de conducta y sancionar en consecuencia. Continuar atizando el fuego desde tribunas mediáticas o tribunas políticas a ambos lados de la frontera carece de sentido cuando los organismos rectores del fútbol ya tienen el expediente en sus manos.

El desborde en los accesos: La seguridad es una responsabilidad ineludible

El aspecto más alarmante de la noche se vivió en las puertas del estadio. En este punto es necesario precisar la realidad operativa: no se trató de una falta de previsión en el número de asistentes, puesto que el total de las entradas puestas a la venta se había agotado por completo dos días antes del encuentro. Las autoridades organizativas sabían perfectamente que el recinto estaría a máxima capacidad.

La anatomía de una falla operativa y de seguridad:

  • Falta del primer anillo perimetral: De acuerdo a informaciones recibidas, no se pudieron establecer los anillos de seguridad requeridos para filtrar los flujos hacia el estadio. La solicitud de restringir el acceso general al Centro Olímpico exclusivamente a personas con boleta en mano no fue aprobada, debido a que dentro de ese complejo operan oficinas de otras federaciones deportivas.
  • Aglomeración descontrolada en el perímetro: Al no existir ese filtro perimetral inicial, miles de personas sin entrada llegaron libremente hasta las inmediaciones mismas de los accesos al estadio, saturando el entorno de las puertas.
  • Duplicación y fraude de boletas digitales: Se registraron numerosos intentos de utilizar el mismo ticket electrónico por más de una persona en los lectores, lo que ralentizó el paso de los validadores y generó severos embotellamientos en las filas.
  • Desesperación y colapso de accesos: La lentitud provocada por los boletos duplicados, sumada a la presión de la multitud sin boleta en el exterior, desató la desesperación; portones del estadio recién inaugurado terminaron siendo empujados y derribados por la masa.
  • Fuerza desmedida como respuesta: Ante la pérdida del control en los puntos de ingreso, las fuerzas del orden recurrieron al uso de gas pimienta para disuadir la aglomeración, afectando a niños presentes.

Aquí debemos ser categóricos: si bien los desórdenes y los empujones fueron protagonizados por aficionados haitianos, la responsabilidad absoluta de preservar el orden público y garantizar la integridad física de todos los asistentes —tanto dominicanos como extranjeros— recaía única y exclusivamente en los organismos de seguridad del Estado y en la seguridad privada contratada por los organizadores.

Culpar únicamente al comportamiento de la grada es evadir la esencia del problema logístico. Quien organiza un evento masivo y vende la totalidad de la boletería asume la obligación indelegable de diseñar dispositivos que impidan la llegada de personas sin entrada hasta las puertas de ingreso. En ese sentido, hay que valorar como un paso institucional correcto que la Federación Dominicana de Fútbol (FEDOFUTBOL) haya dado la cara al responsabilizarse públicamente por los daños ocasionados a la infraestructura del recinto. Ese es el camino: dejar de repartir culpas hacia afuera y asumir con entereza los deberes propios.

Aprender la lección: El estándar que exige pertenecer a la Liga A

La permanencia alcanzada por la Sedofútbol confirma que la República Dominicana ya forma parte de la élite deportiva de Concacaf. Al pertenecer a la Liga A, estos enfrentamientos de alta tensión competitiva y masiva concurrencia se van a repetir con regularidad en los próximos años. El país no puede permitirse improvisaciones en el manejo de masas ni discursos inflamables que empañen los avances del fútbol nacional. Es momento de profesionalizar los protocolos de seguridad deportiva, coordinar con rigurosidad las instituciones estatales y entender que en la élite continental se compite con altura tanto dentro como fuera de la cancha.

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